Las campañas electorales están construidas sobre expectativas. Los candidatos ofrecen soluciones, plantean cambios y presentan programas que buscan convencer al electorado de que existe una ruta diferente para el país.
En Guatemala, el Movimiento Semilla llegó a la segunda vuelta de 2023 con un mensaje centrado en combatir la corrupción, fortalecer las instituciones y transformar la administración pública. Bernardo Arévalo terminó ganando con 58.09% de los votos válidos.
Con la llegada al Gobierno, las expectativas comenzaron a enfrentarse con la realidad administrativa y política del país. La administración ha señalado en distintos momentos las dificultades encontradas, la oposición en el Congreso y otros obstáculos institucionales como factores que complican la ejecución de sus planes.
Esos obstáculos existen y forman parte de la realidad de gobernar. Pero también existe otra realidad: la responsabilidad final por las decisiones del Ejecutivo corresponde a quienes ocupan los cargos de Gobierno.
El primer informe de gobierno presentado por Arévalo en enero de 2025 destacó los resultados que la administración consideró alcanzados durante su primer año. El propio Ejecutivo calificó ese período como favorable y enumeró avances de su gestión.

La diferencia está en la forma de medir el éxito. Para un gobierno, una iniciativa presentada puede ser un avance. Para un ciudadano, el resultado se mide en si consiguió empleo, si su negocio creció, si mejoraron los servicios públicos o si su dinero alcanza para cubrir sus necesidades.
La trayectoria de algunos dirigentes también alimenta el debate. Samuel Pérez, economista y diputado desde 2020, desarrolló buena parte de su actividad previa en organizaciones estudiantiles y posteriormente en la política partidaria. El Congreso lo identifica como licenciado en Economía y fundador del Movimiento Semilla.
La experiencia política puede aportar conocimientos sobre el funcionamiento del Estado, pero administrar una economía requiere comprender también las dificultades de quienes producen, contratan y buscan empleo.
El desafío para el oficialismo es demostrar que sus propuestas pueden superar el discurso y convertirse en resultados medibles. Porque cuando se acaba la campaña, las explicaciones dejan de ser suficientes: comienza la obligación de rendir cuentas.




